Funciones ejecutivas y Espectro del Autismo

autismo Aug 19, 2026

Funciones ejecutivas y Espectro del Autismo

Una mirada desde la neurociencia para comprender experiencias de la vida cotidiana.

 

Cada día realizamos muchas actividades sin detenernos a pensar en todo lo que necesitamos para llevarlas a cabo.

Prepararnos para salir de casa, organizar lo necesario para una actividad, seguir varios pasos, terminar algo que comenzamos o modificar un plan ante un imprevisto pueden parecer acciones sencillas. Sin embargo, detrás de ellas intervienen diferentes procesos.

Necesitamos mantener presente lo que estamos haciendo, recordar información mientras avanzamos, organizar los pasos, sostener un objetivo y realizar ajustes cuando algo cambia.

Estos procesos se coordinan entre sí y forman parte de lo que conocemos como funciones ejecutivas. Nos ayudamos a organizar y orientar nuestras acciones mientras respondemos a distintas situaciones de la vida diaria.

Conocerlas nos permite descubrir algo que no siempre resulta evidente: lo que observamos al final de una actividad es solo una parte de todo lo que fue necesario para llevarla a cabo.

 

¿Cómo intervienen estos procesos en el autismo?

La investigación ha encontrado diferencias en distintos procesos ejecutivos en personas en el Espectro del Autismo y, al mismo tiempo, una importante diversidad entre personas. No existe una única manera en que estas funciones se expresan ni una característica que represente a todo el espectro.

Entre los procesos más estudiados se encuentran la memoria de trabajo, que permite mantener información presente mientras la utilizamos; el control inhibitorio, que interviene cuando necesitamos regular una respuesta o dejar de lado información que no necesitamos en ese momento; y la flexibilidad cognitiva, que participamos cuando hacemos ajustes, consideramos otras posibilidades o modificamos una estrategia ante nuevas circunstancias.

Estos procesos se relacionan entre sí y también participan cuando planificamos, organizamos acciones, resolvemos situaciones o revisamos lo que estamos haciendo.

Pensemos, por ejemplo, en realizar una compra. Además de saber qué necesitamos, puede ser necesario recordar información mientras buscamos un producto, organizar lo que vamos a hacer, tomar decisiones y responder a algún cambio que no estaba previsto.

Una actividad que parece sencilla puede involucrar diferentes procesos y demandas. Reconocerlos nos permite mirar más allá del resultado y comprender mejor lo que esa experiencia puede estar requiriendo para esa persona.

 

Una misma persona, diferentes situaciones.

El funcionamiento ejecutivo no necesariamente se expresa de la misma manera en todos los momentos y contextos.

Una actividad conocida, organizada y con referencias claras puede plantear demandas muy diferentes de otra en la que aparecen cambios, interrupciones, varias decisiones o la necesidad de reorganizar lo que se estaba haciendo.

También puede haber diferencias entre desenvolverse en casa, en un centro educativo, en el trabajo o en otros espacios de la comunidad. En cada uno cambian las demandas, los apoyos disponibles y las características del entorno.

Por eso, observe cómo una persona se desenvuelve en una actividad o en un momento determinado no nos cuenta toda la historia.

Las experiencias de las propias personas autistas son fundamentales para ampliar esa mirada. Escuchar qué les facilitan organizarse, qué situaciones requieren mayor esfuerzo, qué estrategias utilizan y qué apoyos les resultan útiles nos permite conocer aspectos de su experiencia que no siempre podemos comprender únicamente desde la observación externa.

Esto también cambia a lo largo de la vida. Desde la infancia hasta la adultez y el envejecimiento aparecen nuevas actividades, responsabilidades y entornos, y con ellos diferentes demandas y oportunidades de aprendizaje.

Por eso, cuando algo cambia de la manera en que una persona se desenvuelve, necesitamos mirar también qué cambió en la situación, en las demandas y en las condiciones que la rodean.

 

Cuando el aprendizaje se convierte en acción

Conocer mejor estos procesos adquiere sentido cuando ese aprendizaje contribuye a generar condiciones que favorecen la participación y amplian oportunidades en la vida cotidiana.

Muchas de ellas surgen en experiencias reales y significativas: organizar una salida, realizar una compra, preparar una comida, utilizar un medio de transporte o participar en actividades educativas, laborales y comunitarias.

En una salida, por ejemplo, pueden intervenir distintos procesos: decidir qué necesitamos, organizar horarios, preparar lo necesario, desplazarnos, realizar un pago o responder ante un cambio que no estaba previsto. No se trata de practicar una función ejecutiva de manera aislada, sino de aprender y desarrollar estrategias mientras participamos en actividades que tienen sentido para la propia persona.

El aprendizaje no está solamente en completar la actividad. También está en participar en las decisiones, contar con los apoyos necesarios, tener oportunidades para practicar, probar estrategias y reconocer cuáles resultan útiles en diferentes situaciones.

En algunos momentos puede ayudar a hacer más clara una secuencia, anticipar información, organizar los pasos o contar con una referencia para consultar qué sigue. En otros, disponiendo de más tiempo, reducir demandas simultáneas o construir junto con la persona una estrategia que responda a lo que necesita.

No hay una respuesta única. Por eso, además de observar, necesitamos escuchar.

¿Qué le resulta útil a la persona? ¿Qué estrategias utilizas? ¿Qué podemos hacer más accesible? ¿Qué barreras podemos reducir? ¿Qué condiciones pueden favorecer su participación, aprendizaje y toma de decisiones?

Familias, centros educativos, espacios de trabajo y comunidad también formamos parte de esas condiciones.

Los apoyos cobran sentido cuando amplían posibilidades para aprender, participar, tomar decisiones y desarrollar estrategias propias, respetando las preferencias, elecciones y formas de participación de cada persona.

 

Una mirada que abre posibilidades.

Las funciones ejecutivas pueden ayudarnos a comprender una parte de lo que ocurre en determinadas experiencias cotidianas, pero no explican por sí solas a una persona ni todo lo que vive.

Ese límite también forma parte del aprendizaje.

Cuando algo sucede de una manera diferente de la esperada, podemos detenernos antes de llegar a conclusiones y hacernos otras preguntas:

¿Qué está requiriendo esta situación?
¿Qué puede estar facilitándola o haciéndola más compleja?
¿Qué nos comunica la propia persona sobre su experiencia?
¿Qué podemos hacer, juntos, para generar mejores oportunidades?

No siempre encontraremos una respuesta inmediata. Sin embargo, formular preguntas diferentes puede transformar nuestra manera de observar, escuchar y actuar.

Aprender sobre funciones ejecutivas no debería dejarnos solamente nuevos conceptos. Este conocimiento puede ayudarnos a reconocer la diversidad de las experiencias de cada persona y, como familias y comunidad, a tomar decisiones que favorezcan su aprendizaje, participación y autodeterminación.

Comprender abre posibilidades. Transformar esa comprensión en acciones nos permite construirlas juntos.

 

 

 

Fuentes y bibliografía

Diamond, A. (2013). Funciones ejecutivas . Annual Review of Psychology, 64, 135–168. DOI: 10.1146/annurev-psych-113011-143750.

Kenny, L., Remington, A. y Pellicano, E. (2024). Problemas cotidianos de la función ejecutiva desde la perspectiva de adolescentes autistas y sus padres: implicaciones teóricas y empíricas . Autismo, 28(9), 2204–2217. DOI: 10.1177/13623613231224093.

Kofler, MJ, Soto, EF, Singh, LJ, Harmon, SL, Jaisle, EM, Smith, JN, Feeney, KE y Musser, ED (2024). Déficits en la función ejecutiva en el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y el trastorno del espectro autista . Psicología de revisión de la naturaleza, 3 (10), 701–719. DOI: 10.1038/s44159-024-00350-9.